29 de octubre de 2014

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Anna María Rossell Ibern
Manual de traducción alemán-castellano
Barcelona, Gedisa, 1996


Por Violeta Pérez

La editorial Gedisa ha publicado ya tres volúmenes en una nueva colección de manuales de traducción que se basan fundamentalmente en ejemplos recogidos de la enseñanza de esta disciplina. Así, en el tercero de los libros de esta serie Manual de traducción. Alemán/Castellano (los dos anteriores estaban consagrados a la traducción del francés y del inglés) Anna María Rossell Ibern propone, en primer lugar, una reflexión general sobre la práctica traductora y analiza los errores y vicios más corrientes, con múltiples ejemplos, de textos traducidos del alemán al español.
     Es obligado decir que no sobran manuales así de accesibles y ejemplificados de problemas de traducción alemán/español dirigidos al aspirante a traductor y concebidos, como éste, con la idea de que aprender a traducir sólo a partir de la teoría es una tarea imposible.
     En este manual, la autora presenta los problemas de traducción más frecuentes, analizados de forma comprensible y que, además, sorprenderán al lector no iniciado, pues es difícil imaginar que puedan cometerse errores en la traducción del alemán por culpa, por ejemplo, de “falsos amigos” léxicos, que todo el mundo supone existen sólo en italiano (el clásico salire por “salir” por la traducción correcta “subir”) o en francés (quitter por “quitar” en vez del correcto “dejar”, “abandonar”, chatte, “chata” por “gata”, etc.), y que demuestran, una vez más, que las apariencias engañan, y no sólo en las lenguas románicas.
     Muy ilustrativos resultan también los ejemplos de puntuación del epígrafe 3.6, La interrupción incómoda del mensaje y del 3.7 titulado Los signos de puntuación donde, además del análisis de ejemplos concretos de traducción se ilustra el texto con errores de nuestra propia lengua con frases sacadas, sin ir más lejos, de textos periodísticos. Esa “incomodidad” del mensaje –dice la autora-, se observa en el lenguaje periodístico con bastante frecuencia; como ejemplo, aporta estas frases sacadas del diario El País, 27 de marzo 1993, página 19:

El candidato del Partido Popular tenía ayer, por primera vez, aspecto de estar algo cansado”.

     “Tener aspecto de algo” es una locución, y no deben separarse sus elementos. La autora propone la traducción alternativa: “Ayer por primera vez, el candidato del Partido Popular tenía aspecto de estar algo cansado”.
     En ocasiones, hasta puede producirse un cambio de sentido en el mensaje, y el ejemplo que ilustra este caso está también extraído de El País, 21 de febrero de 1993:

El presidente turco trata en Croacia de impedir la extensión de la guerra”.

     Según se lee, el presidente turco está negociando en Croacia para conseguir parar una guerra que se está desarrollando en otro lugar, mientras que lo que pretendía decirse era que “el presidente turco trata de impedir la extensión de la guerra en Croacia”.
     Es decir, que, si bien en la mayoría de los casos no hay cambio de significado, este tipo de negligencia en el estilo provoca una cierta incomodidad al lector.
     Es interesante también el ejemplo del mismo problema en un fragmento del Diario
de Moscú de Walter Benjamin como explicación de lo que ocurre en una traducción donde se separa el verbo de su complemento o se interrumpen locuciones, o éste que reproducimos, del que se puede llegar a obtener una lectura más cómoda y ligera para el lector:

Ich kaufe bei einem Strassenhändler…eine Kleine Puppe, Stanka-Wanka, für Daga ein, haupsächlich um bei dieser Gelegenheit für mich selbst auch eine zu bekommen”.
(Moskauer Tagebuch, p. 41)

A un vendedor callejero le compro…una muñequita, stanka-wanka, para Daga; sobre todo para, aprovechando la oportunidad, comprarme yo también una”.

     La autora explica que, interrumpir la proposición final después de la conjunción hace incómoda la lectura, y propone la versión: "a un vendedor callejero le compro una muñequita… para Daga, pero sobre todo aprovecho la oportunidad para comprarme…”, y continúa explicando lo que ocurre cuando en los incisos se separa el verbo de su complemento, cosa que, aunque no transgreda las reglas de la gramática, hay que saber hacer con elegancia.
     Como puede verse, el manual de esta profesora de Filología Alemana de la Universidad [Autónoma] de Barcelona, no es un tratado teórico sobre dificultades lingüísticas y su problemática a la hora de traducir alemán, sino de cuestiones concretas, específicas, ilustradas y aclaradas siempre con ejemplos varios, no sólo literarios, sino de disciplinas diversas o incluso de la lengua corriente, lo cual aumenta el espectro de lectores, o estudiantes, o estudiosos de la práctica de la traducción a los que puede perfectamente ir dirigido.
     Así, el manual aborda, en tres amplios capítulos, problemas léxicos, sintácticos y estilísticos, y contiene además dos apéndices interesantes sobre las fuentes utilizadas (donde aparecen, como hemos indicado ya, citas de los clásicos –Kafka, Fontane-, autores españoles contemporáneos como Vázquez Montalbán, agencias de prensa –alemanas y españolas-, revistas, etc.), y una bibliografía básica que recoge los textos de los que la autora se ha servido para la elaboración del manual.
     Divertidos, como siempre, los errores citados en el capítulo titulado Del diccionario como enemigo (apartado 2.3 del capítulo segunda: Problemas léxicos), argumento éste, siempre un tanto delicado para quienes intentamos que el estudiante no haga militancia del uso del diccionario y sea capaz de leer su texto traducido –del que es autor- libre del corsé del texto original alemán y de las equivalencias que le ofrece el diccionario y que, por tanto, le quitan libertad de ver y buscar en la riqueza de su propia lengua.
     Como manual, el libro resulta ilustrativo y de cómoda lectura, amenizado además con tan variados ejemplos extraídos –como ya dijimos- de tan diversas fuentes, y que presentan problemas inherentes en general a la actividad de traducir y no a tendencias de un texto específico.
     Así se presenta este libro al lector desde el primero de sus capítulos, donde se comienza por analizar “La operación traductora. Valoración global de sus dificultades”. El traductor, una vez analizado y comprendido el texto, se encuentra en una situación parecida a la del autor, y en este sentido corre los mismos riesgos de cometer errores que cualquier autor, aunque, sobre este particular no profundiza la autora, ya que el manual no entra en cuestiones particulares en lo referente al estilo.
     Esto, en cualquier caso, no impide recomendar su lectura, no sólo al aspirante a traductor, sino también al filólogo, pues recoge aspectos lingüísticos en los que, a veces, no se profundiza lo suficiente en la enseñanza de esta disciplina.

Violeta Pérez

(Publicado en Hieronymus Complutensis. El mundo de la Traducción, Números 6-7, 1998. Revista del Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traductores. Universidad Complutense de Madrid)

PRESENTACIÓN DEL POEMARIO "CREO EN LA NOCHE", DE ENRIQUE CLARÓS

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Presentación del poemario ''Creo en la noche'', de Enrique Clarós
Anna Rossell  27/10/2014



(Foto: @Carme Esteve )
 

La presentación del primer poemario de Enrique Clarós,Creo en la noche, fue un gozo, una celebración inolvidable, un disfrute de los que ya no se dan a menudo. Todos los factores implicados tuvieron el protagonismo armonioso que hacen de actos como éste una tarde enriquecedora y auténtica: la presentación, la recitación poética, la interesantísima tertulia con un público devoto y riguroso, un auténtico intercambio emocional y intelectual con el autor.

La presentación, a cargo de María de Luis y Anna Rossell, abrió el acto con una reseña biográfica del autor por un lado (María de Luis) y la detallada del poemario (Anna Rossell), que ubicó el libro en la tradición poética histórica con ilustración de las propias palabras del autor, los poemas de Enrique Clarós.

El segundo momento de la tarde: la recitación de una muestra de poemas a tres voces -María de Luis, Enrique Clarós y Anna Rossell-, terminó de preparar el ambiente para la tertulia final: el debate con el público. Un público entusiasta, crítico y amante de la tertulia hizo posible un debate emocionante y enriquecedor, que parecía no querer acabarse, del que disfrutamos todos los presentes. Una tarde perfecta.

18 de octubre de 2014

CORRESPONDENCIA XEC MARQUÈS-ANNA ROSSELL

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CARTA D'ANNA ROSSELL AL TEÒLEG I SALESIÀ XEC MARQUÈS (18-10-2014)
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CARTA DE ANNA ROSSELL AL TEÓLOGO Y SALESIANO XEC MARQUÈS (18-10-2014)
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Al original catalán sigue su traducción al español
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Català
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Anna Rossell (esquerra) amb Xec Marquès i Juanita Coll (juliol 2014) /
Anna Rossell (izquierda) con Xec Marquès y Juanita Coll (julio 2014)

El Masnou, 18-10-2014

Estimat Xec,

La teva última carta toca dos punts fonamentals:

1) la cruïlla en què es troba aquell/a que ha de decidir entre la pròpia vida (o la d’altres éssers estimats) i la seva consciència i

2) el tema que gira entorn d’allò que tu en la teva tesi de llicenciatura anomenaves “consciència cristològica” i que dius observar en aquelles persones que, coherents amb les seves creences, accepten fins i tot la mort amb una pau i una tranquil·litat difícils d’imaginar, com si fos allò més natural.

Voldria reprendre el fil d’ambdòs eixos i relacionar-los.

Quant al primer tema:
Certament qui es troba davant d’una situació en la qual actuar seguint la pròpia consciència comporta posar en risc la pròpia vida o la d’éssers estimats ho té molt difícil. Varem començar a parlar d’això en el marc de l’holocaust i d’aquella idea de l’Hannah Arendt que es remet al “pare de família” o “petit burgès” per explicar el que va passar en temps dels nazis. Deixo de banda la consideració que l’Hannah Arendt segurament pensava que la qüestió de la responsabilitat familiar va ser, en molts casos, una excusa (no ho diu explícitament). Suposo que qui es troba en una situació d’aquesta mena el primer que fa –inconscientment o conscient- és sospesar quin plat de la balança pesa més, si el del risc o el de la consciència. La decisió que prengui dependrà del grau del risc i del que pesi la consciència; això vol dir que probablement hi ha un marge d’actuació i, tornant al marc de què varem partir, el de l’holocaust, cal recordar que hi va haver gent que sí que se la va jugar i que era pare/mare de família (però varen ser pocs/ques...).
Sempre he pensat (és clar que no ho he viscut) que deu ser més fàcil arriscar –fins i tot donar- la pròpia vida que la dels éssers estimats.

Quant al segon tema:
Dius que la gent que viu i mor amb coherència es manifesta tranquil·la i serena “com si al seu interior no hi hagués cap mena de lluita de consciència, de tensió o de por davant la por. Hi ha una mena de naturalitat, de pau i de serenor que no deixa lloc a la por”. I sí, també jo recordo persones així, i també em puc imaginar prou que la coherència dóna aquesta tranquil·litat i aquesta pau fins en les situacions més extremes. Però també n’estic segura que la tranquil·litat i la pau s’esfondrarien davant la sola intuïció que el seu capteniment posés en risc persones més enllà de si mateixos/es.

Però m’ha interessat molt la teva idea d’un “estat de consciència, que no és el de la consciència moral que es debat entre el bé i el mal [...]. El no trair aquesta consciència esdevé una mena de segona natura humana que fa connatural a la persona el ser ‘bona, justa, bella’ fins el límit”. Crec entendre que aquesta segona natura humana és universal, la tindríem tots els éssers humans, amb independència dels valors en què hem estat educats. I partint d’aquesta base conclous al final de la teva carta: “entenc que segurament no n’hi ha prou amb una ‘nova educació moral en els valors’ sinó que el que cal és desvetllar aquella profunditat de l’ésser humà que en diem espiritualitat. Aleshores no n’hi prou amb trobar aquells valors que compartim, ens cal retrobar aquella humanitat que compartim més enllà dels valors”. La consciència que dóna aquesta segona natura humana es allò que tu anomenes “consciència cristològica”.

Aquest pensament m’ha semblat molt profund i interessant i em remet a la vella tesi filosòfica rousseauniana del Bon Salvatge, segons la qual l’ésser humà és bo per naturalesa i que el que el perverteix és l’entorn (l’educació)...

Durant molts anys jo pensava que Rousseau s’equivocava absolutament; la meva idea era precisament l’absolutament contrària: l’ésser humà és pèrfid per naturalesa i només l’educació el pot refrenar (reprimir). Amb els anys i per experiència personal (ja t’he explicat el llarguíssim temps que em vaig sotmetre a psicoanàlisi) he arribat a la conclusió que ni una cosa ni l’altra: la naturalesa humana ho és tot en potència; hi cap la bondat i la perversitat; què es desenvolupi més depèn de la biologia i de l’educació, en proporcions individualment diferents i difícils de controlar.

Aquesta idea teva de la consciència cristològica, la idea que els humans –tots els humans- compartim una naturalesa bondadosa, més enllà dels valors que ens ha inculcat l’educació que hem rebut, m’ha interessat molt, malgrat s’acosta molt a la tesi rousseauniana; però, venint de tu, que ets molt bon observador i que has viscut en diversos països africans des de fa anys, crec que li haig de donar una segona oportunitat a Rousseau. Estic molt d’acord amb tu en això que dius que cal fomentar l’espiritualitat; saps bé en quin sentit ho dic: cal fomentar-la amb independència de les religions, o, millor dit, més enllà de les religions (també podríem dir ABANS de les religions). No és el mateix ser religiós que ser espiritual; ambdós aspectes poden coincidir, però no tenen per què. I tu ho intueixes quan dius:
“Al mateix temps constatava que el que en diem l’evangelització (o la pastoral: catequesis, formacions religioses, celebracions) i les problemàtiques desenvolupades des de la teologia moral no arribaven a dialogar amb aquesta dimensió de la persona”. I jo hi afegiria: precisament per això, perquè no arriben a dialogar amb la dimensió més profunda de la persona, han estat i encara són causa de guerres i enfrontaments. Cal, doncs, anar més enllà de la religió per anar a trobar la religiositat (sinònim d’espiritualitat). 

Si tens raó i la consciència cristològica és universal, caldria fomentar la religiositat que ens fes recuperar aquesta consciència, i les religions ja no serien motiu de discòrdia perquè haurien passat a un segon terme; el que ens uniria seria aquella consciència, i la religió –fos la que fos- només tindria importància com a forma, una forma concreta de canalitzar aquesta espiritualitat, que algunes persones adoptarien i altres no. Com dic, l’essència espiritual de l’ésser humà no té per què aixoplugar-se en una religió.

I si tens raó, això voldria dir que la consciència cristològica és connatural a l’ésser humà des que el món és món i l’ésser humà existeix. Crist i els profetes (també d’altres religions) ho devien intuir i el que van fer va ser canalitzar, donar expressió normativa a la seva intuïció d’aquesta consciència. El problema ve quan altres (mal)interpreten Crist i els profetes edificant suposadament sobre les seves doctrines el que després acaben sent les religions.

I aquí et deixo el fil, Xec. Escriu aviat.

Una abraçada,

Anna

P.D.: M’interessa això que dius que la consciència és un concepte filosòfic estrany a les cultures africanes; ho pots explicar una mica més? També m’ha interessat el fatalisme dels cinc autors africans (teòlegs, sociòlegs i antropòlegs). M’ho pots aclarir?
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CARTA DE ANNA ROSSELL AL TEÓLOGO Y SALESIANO XEC MARQUÈS (18-10-2014)
Traducción al español de Anna Rossell

El Masnou, 18-10-2014 

Querido Xec, 

Tu última carta toca dos puntos fundamentales: 

1) la encrucijada en que se encuentra aquél/la que tiene que decidir entre la propia vida (o la de otros seres queridos) y su conciencia, y 

2) el tema que gira en torno a lo que tú en tu tesis de licenciatura llamabas "conciencia cristológica" y que dices observar en aquellas personas que, coherentes con sus creencias, aceptan incluso la muerte con una paz y una tranquilidad difíciles de imaginar, como si fuera lo más natural. 

Quisiera retomar el hilo de ambos ejes y relacionarlos. 

En cuanto al primer tema: 
Ciertamente, quien se encuentra ante una situación en la que actuar siguiendo la propia conciencia conlleva poner en riesgo la propia vida o la de seres queridos lo tiene muy difícil. Empezamos a hablar de ello en el marco del holocausto y de aquella idea de la Hannah Arendt que se remite al "padre de familia" o "pequeño burgués" para explicar lo que pasó en tiempos de los nazis. Dejo de lado la consideración de que la Hannah Arendt seguramente pensaba que la cuestión de la responsabilidad familiar fue, en muchos casos, una excusa (no lo dice explícitamente). Supongo que quien se encuentra en una situación de este tipo lo primero que hace -inconsciente o conscientemente- es sopesar qué plato de la balanza pesa más, si el del riesgo o el de la conciencia. La decisión que tome dependerá del grado del riesgo y de lo que pese la conciencia; esto significa que probablemente hay un margen de actuación y, volviendo al marco de que partimos, el del holocausto, hay que recordar que hubo gente que sí se la jugó y que era padre/madre de familia (pero fueron pocos/as ...). 
Siempre he pensado (claro que no lo he vivido) que debe de ser más fácil arriesgar, incluso dar la propia vida que la de los seres queridos. 

En cuanto al segundo tema: 
Dices que la gente que vive y muere con coherencia se manifiesta tranquila y serena "como si en su interior no hubiera ningún tipo de lucha de conciencia, de tensión o de miedo ante el miedo. Hay una especie de naturalidad, de paz y de serenidad que no deja lugar al miedo". Y sí, también yo recuerdo personas así, y también me puedo imaginar que la coherencia da esa tranquilidad y esa paz, hasta en las situaciones más extremas. Pero también estoy segura de que la tranquilidad y la paz se derrumbarían ante la mera intuición de que su comportamiento pusiera en riesgo a personas más allá de sí mismos/as. 

Pero me ha interesado mucho tu idea de un "estado de conciencia, que no es el de la conciencia moral que se debate entre el bien y el mal [...]. No traicionar esa conciencia remite a una especie de segunda naturaleza humana que hace connatural a la persona el ser 'buena, justa, bella' hasta el límite". Creo entender que esta segunda naturaleza humana es universal, la tendríamos todos los seres humanos, con independencia de los valores en que hemos sido educados. Y partiendo de esta base concluyes al final de tu carta: "entiendo que seguramente no basta con una 'nueva educación moral en los valores' sino que lo que hay que hacer es desvelar aquella profundidad del ser humano que llamamos espiritualidad. Entonces no basta con encontrar aquellos valores que compartimos, tenemos que reencontrar aquella humanidad que compartimos más allá de los valores ". 
La conciencia que da esta segunda naturaleza humana se lo que tú llamas "conciencia cristológica". 

Este pensamiento me ha parecido muy profundo e interesante, y me remite a la vieja tesis filosófica rousseauniana del Buen Salvaje, según la cual el ser humano es bueno por naturaleza y que lo que lo pervierte es el entorno (la educación). .. 

Durante muchos años yo pensaba que Rousseau se equivocaba absolutamente; mi idea era precisamente la absolutamente contraria: el ser humano es pérfido por naturaleza y sólo la educación lo puede refrenar (reprimir). Con los años y por experiencia personal (ya te he explicado el larguísimo tiempo que me sometí a psicoanálisis) he llegado a la conclusión de que ni lo uno ni lo otro: la naturaleza humana lo es todo en potencia: cabe la bondad y la perversidad; qué se desarrolle más depende de la biología y de la educación, en proporciones individualmente diferentes y difíciles de controlar. 

Esta idea tuya de la conciencia cristológica, la idea de que los humanos -todos los humanos- compartimos una naturaleza bondadosa, más allá de los valores que nos ha inculcado la educación que hemos recibido, me ha interesado mucho, a pesar de que se acerca mucho a la tesis rousseauniana; pero, viniendo de ti, que eres muy buen observador y que has vivido en varios países africanos desde hace años, creo que le tengo que dar una segunda oportunidad a Rousseau. Estoy muy de acuerdo contigo con lo que dices, que hay que fomentar la espiritualidad; sabes bien en qué sentido lo digo: hay que fomentarla con independencia de las religiones, o, mejor dicho, más allá de las religiones (también podríamos decir ANTES de las religiones). No es lo mismo ser religioso que ser espiritual; ambos aspectos pueden coincidir, pero no tienen por qué. Y tú lo intuyes cuando dices: 
"Al mismo tiempo constataba que lo que llamamos la evangelización (o la pastoral: catequesis, formaciones religiosas, celebraciones) y las problemáticas desarrolladas desde la teología moral no llegaban a dialogar con esta dimensión de la persona". Y yo añadiría: precisamente por eso, porque no llegan a dialogar con la dimensión más profunda de la persona, han sido y son aún causa de guerras y enfrentamientos. Es necesario, pues, ir más allá de la religión para ir a encontrar la religiosidad (sinónimo de espiritualidad). 

Si tienes razón y la conciencia cristológica es universal, se debería fomentar la religiosidad que nos hiciera recuperar esta conciencia, y las religiones ya no serían motivo de discordia porque habrían pasado a un segundo plano; lo que nos uniría sería aquella conciencia, y la religión -fuera la que fuera- sólo tendría importancia como forma, una forma concreta de canalizar esta espiritualidad, que algunas personas adoptarían y otras no. Como digo, la esencia espiritual del ser humano no tiene por qué guarecerse en una religión. 

Y si tienes razón, esto querría decir que la conciencia cristológica es connatural al ser humano desde que el mundo es mundo y el ser humano existe. Cristo y los profetas (también de otras religiones) lo debían intuir y lo que hicieron fue canalizar, dar expresión normativa a su intuición de esta conciencia. El problema viene cuando otros (mal) interpretando a Cristo y a los profetas edifican supuestamente sobre sus doctrinas lo que luego acaban siendo las religiones. 

Y aquí te dejo el hilo, Xec. Escribe pronto. 

Un abrazo, 

Anna 

P.D. : Me interesa eso que dices, que la conciencia es un concepto filosófico extraño a las culturas africanas; ¿lo puedes explicar un poco más? También me ha interesado esto del fatalismo de los cinco autores africanos (teólogos, sociólogos y antropólogos). ¿Me lo puedes aclarar?



11 de octubre de 2014

CORRESPONDENCIA XEC MARQUÈS-ANNA ROSSELL

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CARTA DEL TEÒLEG I SALESIÀ XEC MARQUÈS A ANNA ROSSELL (6-10-2014) /
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CARTA DEL TEÓLOGO Y SALESIANO XEC MARQUÈS A ANNA ROSSELL (6-10-2014)
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Al original catalán sigue su traducción al español
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Xec Marquès (dreta) sopant amb amics/gues (agost 2014) /
Xec Marquès (drecha) cenando con amigos/as (agosto 2014)


Roma, 6 d'octubre 2014

És veritat que la por de perdre la vida o de comprometre la dels altres genera una capacitat de resignació i cobreix d’un sentiment de responsabilitat l’angoixa de saber-se passiu o renegat quan la coherència amb les pròpies idees demana d’arriscar la pròpia vida. Els màrtirs ens apareixen com a éssers d’un coratge excepcional i d’una llibertat d’esperit quasi impossible.
Però també es veritat que els que han arriscat la seva vida i han sobreviscut, quan expliquen la seva experiència, no se senten gens extraordinaris, és com si per a ells la seva actuació no hagués pogut ser un altra. Expliquen amb molta humilitat la seva resistència i el seu combat contra la força del mal.

Durant els exercicis una nit varem veure una pel·lícula que recrea la revolució de “Los Cristeros” a Mèxic del 1926 al 1929, quan el govern va promulgar i aplicar tota una seria de lleis que deixaven l’Església fora de l’espai públic. Hi ha una escena d’un noi que és fet presoner de l’exèrcit regular i torturat perquè renegui de la seva fe. El noi serà executat cridant: “Viva Cristo Rei”. Deixant de banda la causa del martiri, el que vull destacar és que l’escena deixa veure un noi molt tranquil i serè, com si al seu interior no hi hagués cap mena de lluita de consciència, de tensió o de por davant la por. Hi ha una mena de naturalitat, de pau i de serenor que no deixa lloc a la por.

Trobo que en la nostra vida hi ha moments que fem opcions (d’una manera més o menys conscient) que inscriuen en el cor la intel·ligència i la voluntat una mena d’energia, de capacitat d’acció més enllà d’allò humanament lògic i natural. Un estat de consciència que no és el de la consciència moral que es debat entre el bé i el mal i que, en les situacions límit, paralitza la voluntat i genera resignació. El no trair aquesta consciència esdevé una mena de segona natura humana que fa connatural a la persona el ser “bona, justa, bella” fins el límit. No cal arribar al límit del “martiri” perquè aquesta consciencia s’expressi en tota la seva riquesa. Em ve a la memòria la pel·lícula sobre Gandhi quan està fent la vaga de fam per aturar la violència entre musulmans i hinduistes. La gent que, després del genocidi de Ruanda, no guarda en el seu cor cap mena de rancúnia o ferida que els condueixi a sentiments de revenja o de buit interior.

En el meu treball final de llicenciatura en teologia moral vaig intentar esbrinar una mica sobre aquesta consciència (més enllà de la consciència moral) per entendre el repte de la fe cristiana davant els mecanismes del fatalisme de la “crisi” africana descrits per cinc autors (sociòlegs, antropòlegs i teòlegs africans). N’hi deia la “consciència cristològica”. Veia com els autors parlaven d’una crisi profunda, antropològica. Al mateix temps constatava que el que en diem l’evagelització (o la pastoral: catequesis, formacions religioses, celebracions) i les problemàtiques desenvolupades des de la teologia moral no arribaven a dialogar amb aquesta dimensió de la persona. Apuntava que la tasca de la teologia moral en context africà havia de ser desvetllar aquest interior profund en el que la persona es defineix a si mateixa i es decanta per una opció: per la vida i per la promoció de la vida contra totes les forces i formes de mort. En aquest context la fe no es podia reduir a un conjunt de preceptes morals o a formar la consciència (concepte filosòfic estranger a la saviesa africana).

Bé, no desenvoluparé aquí tot el meu esborrany de tesi.

Si ara faig la projecció a la realitat del món occidental i a les teories que parlen de la personalitat “líquida” o desvertebrada, entenc que segurament no n’hi ha prou amb una “nova educació moral en els valors” sinó que el que cal és desvetllar aquella profunditat de l’ésser humà que en diem espiritualitat. Aleshores no n’hi prou amb trobar aquells valors que compartim, ens cal retrobar aquella humanitat que compartim més enllà dels valors.

Xec
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CARTA DEL TEÓLOGO Y SALESIANO XEC MARQUÈS A ANNA ROSSELL (6-10-2014), traducción al español de Anna Rossell

Roma, 6 de octubre 2014 

Es verdad que el miedo a perder la vida o a comprometer la de los demás genera una capacidad de resignación y cubre de un sentimiento de responsabilidad la angustia de saberse pasivo o renegado cuando la coherencia con las propias ideas pide arriesgar propia vida. Los mártires se nos aparecen como seres de un coraje excepcional y de una libertad de espíritu casi imposible. 
Pero también es verdad que los que han arriesgado su vida y han sobrevivido, cuando cuentan su experiencia, no se sienten nada extraordinarios; es como si para ellos su actuación no hubiera podido ser otra. Cuentan con mucha humildad su resistencia y su combate contra la fuerza del mal. 

Durante los ejercicios una noche pudimos ver una película que recrea la revolución de "Los Cristeros" en el México de 1926 al 1929, cuando el gobierno promulgó y aplicó una seria de leyes que dejaban a la Iglesia fuera del espacio público. Hay una escena de un chico que es hecho prisionero por el ejército regular y torturado para que reniegue de su fe. El chico será ejecutado gritando: "Viva Cristo Rey". Dejando de lado la causa del martirio, lo que quiero destacar es que la escena presenta un chico muy tranquilo y sereno, como si en su interior no hubiera ningún tipo de lucha de conciencia, de tensión o de miedo ante el miedo. Hay una especie de naturalidad, de paz y de serenidad que no deja lugar al miedo. 

Encuentro que en nuestra vida hay momentos en los que tomamos decisiones (de un modo más o menos consciente) que inscriben en el corazón, la inteligencia y la voluntad una especie de energía, de capacidad de acción más allá de lo humanamente lógico y natural. Un estado de conciencia que no es el de la conciencia moral que se debate entre el bien y el mal y que, en las situaciones límite, paraliza la voluntad y genera resignación. El no traicionar esa conciencia se convierte en una especie de segunda naturaleza humana que hace connatural a la persona el ser "buena, justa, bella" hasta el límite. No es necesario llegar al límite del "martirio" para que esta conciencia se exprese en toda su riqueza. Me viene a la memoria la película sobre Gandhi, cuando está haciendo la huelga de hambre para detener la violencia entre musulmanes e hinduistas. La gente que, tras el genocidio de Ruanda, no guarda en su corazón ningún tipo de rencor o herida que los conduzca a sentimientos de revancha o de vacío interior. 

En mi trabajo final de licenciatura en teología moral intenté averiguar algo sobre esta conciencia (más allá de la conciencia moral) para entender el reto de la fe cristiana ante los mecanismos del fatalismo de la "crisis" africana descritos por cinco autores (sociólogos, antropólogos y teólogos africanos). Yo la llamaba "conciencia cristológica". Veía como los autores hablaban de una crisis profunda, antropológica. Al mismo tiempo constataba que lo que llamamos evangelización (o la pastoral: catequesis, formaciones religiosas, celebraciones) y las problemáticas desarrolladas desde la teología moral no llegaban a dialogar con esta dimensión de la persona. Apuntaba que la tarea de la teología moral en contexto africano debía ser desvelar este interior profundo en el que la persona se define a sí misma y se decanta por una opción: por la vida y por la promoción de la vida contra todas las fuerzas y formas de muerte. En este contexto la fe no se podía reducir a un conjunto de preceptos morales o a formar la conciencia (concepto filosófico extraño a la sabiduría africana). 

Bueno, no desarrollaré aquí todo mi borrador de tesis. 

Si ahora hago la proyección a la realidad del mundo occidental y a las teorías que hablan de la personalidad "líquida" o desvertebrada, entiendo que seguramente no basta con una "nueva educación moral en los valores" sino que lo que hay que hacer es desvelar aquella profundidad del ser humano que llamamos espiritualidad. Entonces no basta con encontrar aquellos valores que compartimos, tenemos que reencontrar aquella humanidad que compartimos más allá de los valores. 

Xec

8 de octubre de 2014

POESÍA DESDE LA ENTRAÑA

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Cysko Muñoz
El tiempo ya no importa
La Garúa, Santa Coloma de Gramanet, 2014, 90 pp.



por Anna Rossell

Dividido en tres partes, Cronología de un comienzo, Historias del miedo y otras causas y Cronología de una despedida, este poemario de Cysko Muñoz (Barcelona, 1976) es la crónica de la lucha contra el tiempo, un pulso entre la voz poética y la vida.

La dedicatoria que abre el libro, A mi padre//por hacer tanto/con tan poco, nos orienta en cuanto al referente: la figura del padre que despierta en su hijo admiración y respeto inmensos por su perseverancia y valentía ante los embates de la existencia. Como él, la voz poética se enfrenta a su propio combate en su trayectoria vital. De este combate, de las victorias y las derrotas, y de la pelea constante –sobre todo de ésta última- nos habla el poemario.

El sujeto poético se presenta a sí mismo como inconformista con el mundo que conoce y, a modo de declaración programática, manifiesta su firme intención de cambiarlo. Ya en el primer poema, que encabeza el título Cronología de un comienzo, como si de su propio nacimiento se tratara, afirma: Hace tiempo ya que escribo/para desordenarles el nombre/a las cosas (El desorden). La primera parte se inicia con lo que parece ser un estudio topográfico de los obstáculos con que la voz poética intuye que pueda tropezarse el ser humano en su periplo, la localización de las trabas que pudieran impedirle vivir con dignidad. Así, en una exhortación universal, se rebela contra la apatía y el conformismo: No deberíamos permitir/que lo único que nos pase//sea el tiempo.// […] Deberíamos gritar.// Y reventar a patadas/los sillones (Refugios). Pero inmediatamente el poemario toma un giro personal que en cada verso deja entrever el desencanto, el malestar, el dolor y la angustia del sujeto poético, el desengaño ante la constatación de que lo más precioso es efímero y sucumbe a las embestidas del tiempo: […]/porque ya no sé en qué/esquina está el frigorífico/ni dónde olvidé los recuerdos/ni cómo sonaba el eco/de los abrazos (A cuestas), o bien: Hoy he nacido el día/pensando que todo se rompe./Todo lo que dejamos en un estante,/encajonado.//El tiempo lo quiebra//[…]//[…] las promesas,//los cuidados.//, sin embargo intuye una posibilidad de salvación, pues prosigue: Si no se mueve, se rompe (Pedazos). Con todo, el dolor del alma atormentada que se desnuda en los poemas -Mi dolor, como/ropa tendida/en una calle […] para que todos lo vean/para que entiendan/que hace frío […] (Tendiendo cometas)- manifiesta una tenue esperanza, la llama que con insistencia se nos exhorta a mantener viva, la advertencia de que el mayor enemigo de la armonía, de lo más entrañable, es el inmovilismo, el abandono, la desidia: Deberá llegar la paz/un día,/desabrochar los botones/y respirar hondo […]//detener/la prisa y la angustia,/asfaltar de calma las calles/inundar los pulmones de aire//y para que no se quede/varada el alma//andar (Deberá llegar). Hay en los poemas de Cysko Muñoz una incitación a vivir con determinación, la advertencia de que poner cortapisas a los influjos externos por temor, para autopreservarse, es no vivir, de que la vida es riesgo y está reñida con Mi plan para ordenar/el mundo (Mi absurdo plan): […]/juégate al 7 negro/las tiritas de una vida/pierde el miedo a perder/y con la carne en carne viva//dobla la apuesta//rompe el tablero//o siéntate a  mirar/como/te pasan los días por delante// y como llegas tarde/a tu propia vida (Al 7 negro). O bien: […]//Que a la ilusión/le gusta andar descalza/y bailar desnuda/hasta convencernos/de que nos tenemos que volver a enarbolar.//Que es en nuestro pecho/ donde se ocultan las raíces/del arco iris/y que el sol brilla más fuerte/para quien deja sus puertas//de par en par (Ojos de ballena). El miedo a la muerte espiritual por mano propia es recurrente: […]//He gritado sobre una silla/y no me ha escuchado nadie que/yo también me dejé morir.//He gritado que necesito//hoy//saciar esta sed de mí/que tengo. […] (En los espejos). O bien: […]//me repite que no se puede aprender/a ser original/que deje de inventarme escondites/si quiero ser de verdad/[…]//Me persigue el muerto (El muerto)

El sujeto poético expresa un anhelo vehemente de autenticidad, una búsqueda del yo, que se encuentra como conclusión a partir de la autocrítica. En un diálogo de la voz poética consigo misma se descubre el aprendizaje de que la clave de la seguridad está en la propia persona: Andas a la deriva/buscando una pupila/ que acierte en ti.//Y aprenderás/más tarde de lo que quisieras//que sólo tú//eres tierra firme (Sólo en ti). La misma idea se manifiesta en el plano literario, claramente extrapolable: Me paso el día buscando versos/y las palabras se ríen de mí/[…]//y me descubro/espiando a otros poetas,[…]//Y entonces me doy cuenta de/que yo no puedo escribir/como ellos.//Que yo no puedo escribir/como nadie./Que yo sólo sé escribir/si soy yo/quien se asoma y se incendia/en el/borde/del poema (Poética etílica). El poemario es testimonio de la escritura como herramienta para la autoobservación, la autocensura y el autoconocimiento: […]//Los días como hoy//tan raros//me quitan el hambre//debo masticar muy bien/para no atragantarme//con mi parte de culpa (Mirándome).

Si bien el sujeto poético dirige la mirada en primera línea hacia sí mismo, en algunos momentos también observa el mundo para reprobarlo. Así cuando se lamenta por las deshumanizadoras consecuencias de la aceleración en lo cotidiano o por la desespiritualización a la que aboca el consumismo: Dónde queda el alma/si esta vorágine no/tiene ya costas. […]//Dónde queda el verbo,[…]/si mutilamos un te quiero/en teléfonos frenéticos […]//Dónde queda el latido,/si se busca en las bolsas/de los centros comerciales/o en las prisas de los/pasos de peatones […] (Tiempos extraños). O como cuando caracteriza la escuela como el lugar donde le programan a uno para la muerte en vida: Vivir en esta jaula de peces vestidos con traje gris […]/Entregar el aliento de tu vida, cuarenta horas a la semana (La escuela) y se subleva con distancia irónica contra los lemas que supuestamente han de garantizarnos el éxito: Protege bien/tus intereses/todos los que te rodean/se quieren aprovechar de ti […]//-no te muestres, no te exhibas-//[…] (Divide y vencerás)

A modo de homenaje a quien es su referente en la vida, Muñoz cierra el libro con una serie de poemas en recuerdo de su padre que no se rindió nunca (Profecía) y al que ve desvencijado por la vejez y la enfermedad: […] Los dientes sin tenaza//desarmados.//Los ojos derramándose/en el vértice del sueño[…] (Sala de espera); Conozco la sombra/negra y espesa/que han dejado en sus ojos/los narcóticos (Los grillos), pero ni en los peores momentos vencido, jamás vencido: […]/Derrame cerebral/Ni el cáncer de huesos/ni su puta madre//le iban/a decir a él/lo que tenía que hacer (Ni una derrota). Y concluye, en agradecimiento a su legado: […]//Las manos de mi padre/nacieron ya viejas/cultivadas entre/fanegas de injusticia/y de miseria/pero siempre supieron/plantarle cara a las lágrimas/con un golpe en la mesa//[…]//Las manos de mi padre están en mí (Las manos de mi padre).

Cysko Muñoz es una de las voces emergentes en los últimos años en el Slam Poetry de Barcelona (España). Dirige el micro abierto poético Periferic Poetry Sant Boi y actualmente conduce, además, junto con Marc García, el Llobregat Slam Poetry con sede en Sant Boi y El Prat del Llobregat, “una competición poética, un combate de boxeo a golpe de versos”, que se organiza periódicamente en el Baix Llobregat, en la que los/las participantes se miden ante un público-jurado, que selecciona a los/las mejores. Este tipo de poesía, larga (tres minutos) y rebelde, que se recita de memoria y tiene un elevado componente teatral, forma parte ya de los escenarios poéticos urbanos en todo el mundo y gana cada vez más adeptos entre un público de todas las edades. 


© Anna Rossell

27 de septiembre de 2014

LA POESÍA DE ANNA ROSSELL

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Josep Anton Soldevila ©
Fue en el transcurso de un recital, en el marco de la Semana de la Poesía de Barcelona de mayo de 2011 cuando oí a Anna Rossell leyendo el poema Todesfuge, de Paul Celan. Yo sabía de la existencia de este célebre poema sobre el Holocausto, pero nunca lo había leído y mucho menos, oído recitar. Anna lo hizo, primero en alemán y luego en su propia traducción al español. Quedé tan impresionado por su manera de decirlo, que casi no me hizo falta escuchar la versión española para entenderlo de pies a cabeza, y digo esto en todos sus sentidos y acepciones, porque me estremeció física y anímicamente.
Anna Rossell
Entonces hacía poco, menos de un año, que acababa de leer su libro de poemas, La ferida en la paraula (La herida en la palabra) y no tenía la impresión de que su contenido, su esencia o razón, tenía mucho que ver con poemas como aquel. Puedo decirlo con seguridad, porque conservo las palabras con las que le expresé mi opinión:
“Estimada Anna, he leído tu poemario –la prosa la dejo para más adelante– y quería compartir contigo así, ‘au pié levé’, que dicen los franceses, las impresiones que me ha producido. Y digo impresiones y no impresión porque son varias las recibidas, no en vano se trata de varios libros en un volumen (es cierto sin embargo, que también nosotros somos varias personas en un volumen...).
He encontrado la pincelada impresionista mezclada con la meditación filosófica. Algo aparentemente contradictorio y que en el libro se convierte en extrañamente natural. También tu viaje (y digo viaje y no lucha...) constante entre la ciudad de la razón y la de la emoción, sin renunciar a ninguno de ambos paisajes. La clarividencia de la verdad envuelta en ternura y una contención serena al poner palabras a los sentimientos.
Pero como dicen las palabras de T.S. Eliot: ‘Sólo por la forma, la norma / pueden las palabras o la música alcanzar / la calma / como un jarrón chino / se mueve perpetuamente en su serenidad’. Todo esto que dices no sería poesía si no fuera por cómo lo dices. En este libro el maridaje de fondo y forma es perfecto, te felicito sinceramente.”
La emoción a la que hacía referencia en mi comentario se decantaba hacia una concepción puramente lírica de la poesía, si bien algo me debía tambalear en el razonamiento, cuando me decidí a terminarlo con esta frase:
“Y decir que sí, que en el mundo hay todavía lugar para la esperanza, la ilusión no es vana. Por eso la poesía y los poetas y el compartir y nombrar.”
Quizás un presentimiento, más allá de mi precipitado juicio, me decía que había algo más en aquella poesía tan diversa del libro: una honda desesperación por la condición humana, por los abismos de una condición humana, que rezumaba sin terminar de flotar en algunos de los poemas.
Así, el argumento de este primer libro giraba en torno a tres ejes, que después se han confirmado como los grandes temas de la poesía de Anna Rossell: la emoción íntima, el viaje y el dolor de la humanidad.

A veces encontramos poemas donde estos elementos aparecen aislados de los otros dos, único, como en este poema donde la emoción nos corta el aliento:

Se nos ha parado el tiempo,
te has ido,
y ahora
–cuando toda relación deviene vana e inútil–,
soy consciente de que hemos hecho
la ruta sin encontrarnos.
Y ahora sólo me quedan el silencio
y la nada.

(de su libro La herida en la palabra)

El viaje, dentro de un libro que es todo él una crónica:

La cinta hace el camino, clara
y polvorienta, en medio, un baobab; un hombre
yace sobre un banco, bajo un árbol frondoso

(de su libro Cuaderno de Malí)

El dolor de la humanidad, reflejado en el horror nazi:

Hay una mujer que no se mueve
en el camastro. Tiene la mirada fija
en la pared y un mechón de pelo largo
y grasiento sobre el labio entreabierto.
Parece que respira sutilmente aún,

pero ya está muerta.

(de su libro Birkenau - La pradera de los abedules, inédito)

En otros momentos, los elementos se mezclan, de la misma manera que en la propia vida, y entonces nos da versos que combinan la conmoción personal con la profundidad filosófica, utilizando unas estructuras casi sálmicas, a la manera de un texto bíblico. Como asimismo emplea Celan en el Todesfuge que hemos citado al principio.
Esto lo vemos claramente en muchas de las estrofas de su libro Us deixo el meu llegat per si algún dia... (Os dejo mi legado por si un día...), todavía inédito:

¿Quién adiestra las mentes de los
inocentes? ¿Quién se erige en juez de un
igual?, ¿quién? ¿Quién condena pateras a
la muerte?, ¿quién? ¿Quién persigue por gusto de
perseguir? ¿Quién dispara por gusto de
disparar? ¿Quién levanta muros y cierra las
fronteras al desesperado? ¿Quién lo entrega a
la tierra de la muerte? ¿Nadie lo sabe?
¿Lo sabe alguien? ¿Lo sabemos
                                        todos?

o en este otro, donde es la técnica de la repetición de palabras en oraciones diferentes y consecutivas la que crea el efecto de salmo:

El cuerpo no es mi cuerpo, sólo ojos,
la arena me aprisiona, me atenaza,
el cuerpo es mi cuerpo, la lengua se
desliza apenas lenta por el acre
y denso vómito viscoso, crujen los dientes,
y el peso, el peso, la losa sobre el
pecho respirando; más abajo la nada,
el cuerpo es medio cuerpo y es mi cuerpo,
ahogo de aire denso. Dónde estoy,
donde estoy es oscuro, dónde, dónde
estoy, donde estoy es todo oscuridad.
(del libro Us deixo el meu llegat per si algún dia... – Os dejo mi legado por si un día..., inédito)

He citado dos veces a Celan en este comentario sobre la poesía de Anna Rossell porque pienso que hay una conexión innegable entre el espíritu poético y cívico de ambos. El primero vivió el horror en su piel, Anna es capaz de sentirlo y expresarlo vicariamente, como si se transformara en la voz de aquellos que ahora mismo están inmersos en aquel horror. La comunión de sentido acaba siendo comunión también de formas, pues, pese a no ser iguales, las de ambos beben de la misma fuente. Y no por un motivo de imitación, sino sencillamente, de eficacia.

Después de esta incursión por el universo poético de Anna Rossell, constatamos –ya que tengo la suerte de conocerla personalmente– que coincide punto por punto con el personal. Se trata de un universo complejo, que en nuestro afán analítico para hacernos comprender hemos reducido a tres elementos y sus combinaciones, pero que, como siempre que intentamos definir, nos deja con la sensación de que no lo decimos todo.
Avanzamos pues un poco más, tratando de presentar otros aspectos que vayan más allá de la autenticidad –consecuencia de esta relación directa entre vida y poesía– o de las motivaciones que advertimos en sus poemas.
Hablamos, por ejemplo de las técnicas empleadas.
Ya hemos dejado claro cuál es la que utiliza para los poemas de reivindicación o denuncia social, una técnica, aprovechamos para decirlo, que la deja a una distancia sideral de la mayoría de los que, con buena intención pero nula sabiduría, perpetran panfletos en vez de poemas. Con su manera de hacerlo, Anna Rossell no sólo dignifica la humanidad de los humillados, sino que establece una paridad entre la solemnidad de la forma y la trascendencia del hecho expuesto.
En contraste, cuando nos fijamos en aquellos poemas en los que surge el yo poético, nos encontramos con un panorama absolutamente distinto. Aquí la solemnidad se convierte sencillez y el verso amplio en breve, a veces, brevísimo:

Tengo,
así pues, no soy,
pues soy
lo que queda
cuando resto lo que
yo tengo.
Decir yo
es decir
soy.
Resta "tengo"
al "yo"
para ser.

(de su libro La herida en la palabra)

Es claro que no en todos la poeta utiliza formas tan esquemáticas, pero me ha parecido mejor poner este ejemplo extremo para ilustrar lo que quería decir: que, para ella, la forma viene condicionada por el fondo y que es capaz de manejarse en cualquier gama de estrofas normativas o inventadas.
En el caso de los poemas de viaje, el más adecuado, ya que se trata de relatar impresiones que causa lo que se está viendo, será escoger un estilo discursivo, capaz de reproducir en el lector el impacto de la realidad y dejar que las sensaciones los mimen:

Cuatro caritas menudas de ojos grandes observan temerosas
el momento, la más pequeña llora: asusta la piel
blanca. Los mayores han terminado ya, empiezan
los pequeños, la madre ofrece una papaya gigante
a la visita: abarka, abarka, abarka, í ni tié, í ni tié,
abarka, abarka, í ni tié.

(del libro Cuaderno de Malí)

La poesía de Anna Rossell se despliega así en todos los ámbitos de la vida, en los ciertamente dramáticos y en los aparentemente banales, en el yo íntimo y en el yo relacional. El factor común a todos y cada uno de ellos es su participación activa, su estremecimiento personal en penetrar. Es en este instante que la poeta los hace suyos y acaba por borrar los límites entre lo que afecta al otro y lo que le afecta a ella misma, y le da la voz precisa para expresarlo.
El resultado de esto es la belleza de unos versos construidos a la medida del mensaje. Que lo sean cuando es la propia alma la que nos habla no es de extrañar, pues están en correspondencia con la vivencia poética que la origina; que también lo sean cuando nos habla de los paisajes humanos de esta África que tanto ama, ya es más difícil, pero que también ocurra esto cuando nos relata las miserias y los horrores humanos más espantosos, ya forma parte del milagro que llamamos poesía.
Y es que Anna Rossell es poeta.

Publicado en RyF, Realidades y Ficciones -Revista literaria-, nº 18, Septiembre de 2014 – Año V, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, ISSN 2250-4281